Bueno, como éste es un blog abierto a todo y como indica su
título, también está dedicado a los buscadores de serenidad, hoy voy a tratar
el tema de la meditación.
Este puede considerarse un manual básico para aquellos que
no sepan nada del tema y por la razón que sea quieran aventurarse a explorar en
esta experiencia. Se trata de dar unas nociones elementales que puedan acercar
o introducir a la práctica. Una vez en el camino, cada cual ha de seguir
buscando y experimentando, ya sea con la ayuda de un maestro o yogi, (muy
recomendable), de alguien mas experimentado, o bien por si mismo y a través del
estudio de libros y textos sobre el tema. Para practicar meditación no es
necesario ser Budista, o pertenecer a una determinada religión. Cualquiera
puede hacerlo sea del credo que sea.
Empecemos por el principio: ¿qué es la meditación y para que
sirve?
Nuestra mente es la causa de la felicidad y también del sufrimiento. Con nuestros pensamientos
creamos el mundo. La mente es como un mono loco que siempre está en agitación.
Saltando de un árbol a otro. De un pensamiento a otro. Moviéndose continuamente
del pasado al futuro y raras veces en el presente. Nuestro propósito ha de ser
el de domar este mono loco y aquietar esta mente. ¿Cómo conseguir esto? A
través de la meditación. El mejor ejemplo es el de un vaso de agua turbia. Si
lo dejamos en completo reposo y sin tocarlo, la suciedad se posará en el fondo
y el agua se aclarará. Si no agitas el agua se volverá clara. De la misma
manera, mediante la meditación, aquietamos nuestros pensamientos y emociones y
así la mente vuelve a su estado natural de sosiego y paz.
Puedes hacer un experimento: cierra los ojos e intenta
disfrutar de las sensaciones de tu cuerpo, de los olores que te rodean, de los
sonidos que escuchas. Verás que rápido y sin darte cuenta tu mente habrá
empezado a parlotear y aparecerán fragmentos incoherentes sobre el pasado o el
futuro que te sacarán, como si fueras raptado, del momento presente. Este
parloteo nos roba literalmente la vida, nos separa de ella y no nos permite
disfrutarla con libertad en cada momento. La única manera de detener ese
parloteo es con la meditación.
Meditar no es pensar en cosas. Ni sentarse como una lechuga
inmóvil a esperar que suceda algo. Meditar es observar. Observar en un
estado profundo el cuerpo, las sensaciones, las emociones y los pensamientos de
manera despreocupada y sin prejuicios.
Esta observación es muy diferente de la que hacemos
uso a diario. Observamos objetos, personas, la televisión, miramos la gente que
pasa, la ropa que lleva, sus reacciones. Los criticamos, los evaluamos y los
juzgamos. Pero nunca miramos a los demás o a nosotros mismos como un observador
imparcial, sin ningún tipo de juicio.
Normalmente, cuando nos observamos, lo hacemos con
autocrítica o con auto aprobación, con disgusto o con placer. Vemos algo que no
nos gusta y empezamos a preocuparnos por lo que piensen los demás o lo queremos
cambiar. Vemos algo que nos gusta y nos sentimos orgullosos o nos felicitamos.
Esto no es observar desde el punto de vista de la meditación. Observar es
ser testigo, observador continuo, manteniéndose tranquilo, sintiendo, viendo,
mirando el tráfico de la mente –como pasan los pensamientos, los deseos, las
memorias, los sueños, las fantasías- sin juzgar, sin condenar, sin aprobar, sin
identificarse con ningún pensamiento: ‘esto es bueno’, ‘esto es malo’, ‘esto me
gusta’, ‘esto no me gusta’, esto debería ser así’, ‘esto no debería ser asa’,
‘soy feliz’, ‘soy infeliz’, ni de la manera más sutil.
La meditación es escuchar, sentir, mirar todo lo que pasa
sin juzgar.
Tu ser interior no es más que un cielo interior.
Las nubes van y vienen,
Los planetas nacen y desaparecen,
Las estrellas aparecen y mueren,
Pero el cielo interior queda igual.
Intocable, sin mancha, sin marca,
El cielo interior es la recta atención.
Es la clave de toda meditación.
Disfruta del cielo interior, pero recuerda,
Cualquier cosa que veas no eres tú.
Puedes ver tus pensamientos, pero tus pensamientos no eres
tú.
Puedes ver tus sentimientos, pero tus sentimientos no eres
tú.
Puedes ver tus sueños, pero tampoco tus sueños eres tú.
Vistos tus deseos, memorias, imaginaciones, proyecciones,
Todo eso, date cuenta de ninguna de estas cosas eres tú.
Sigue eliminando todo lo que ves
Y un día aparecerá un momento tremendo,
El momento más significativo de tu vida.
Cuando no queda nada para eliminar,
Todo lo visto habrá desaparecido.
Sólo quedará el ser interior, el cielo vacío, el
silencio.
En aquel momento te quedarás sin miedo
Estarás lleno de amor
Conocerás la verdadera libertad.
En el próximo cápitulo seguiremos profundizando en la meditación.