Mientras estoy sentado frente a mi
ordenador escribiendo estas palabras, tomo conciencia de una sensación de sed.
Simultáneamente, surge el pensamiento: una taza de té me vendría bien. Todo esto
ocurre espontáneamente sin que yo tenga primero que decidir traer sed y luego
pensar en una taza de té.
Si observas tu mente, verás que los
pensamientos surgen por sí mismos. POR FAVOR , no aceptes o rechaces esto, sin
más. Si observas e indagas de verdad, te quedará claro que no eres el pensador
de tus pensamientos. Este capítulo intentará mostrarte que tampoco eres el autor
de tus actos. Esto puede ir en contra de tus creencias y convicciones más
profundas, de manera que te pido que postergues el juicio que pueda surgir como
un acto reflejo y esperes hasta ver lo que realmente estoy
planteando.
Todas las aparentes decisiones y
elecciones son pensamientos. Al actuar a partir de un pensamiento uno siente que
ha hecho una elección y así lo denomina el lenguaje. Pero la elección no es más
que la expresión del pensamiento que haya sido predominante. No elegí el deseo
de tomar un té ni tampoco elegí el deseo más fuerte de acabar primero este
párrafo, sin embargo eso es lo que está ocurriendo espontáneamente. Esto no
quiere decir que yo sea una máquina sin libre albedrío. En realidad no existe
ningún individuo aquí al que privar de libre albedrío. El pensamiento “yo” y los
pensamientos “té” y “escribir” simplemente surgen como una manifestación de la
energía creadora de la Conciencia Pura. Según esta perspectiva, la vida está
simplemente viviendo, pensando y actuando a través de ti y como tú. Los taoistas
se refieren a esto como Wu Wei, que puede traducirse como no-acción. Esto no
quiere decir no hacer nada, en el sentido de inactividad, sino más bien que
todas las cosas—incluyendo “tus” pensamientos y tus actos – ocurren naturalmente
por sí mismas. Lao Tse lo expresa de la siguiente manera en el Tao Te
Ching:
El Tao , sin hacer
nada,
No deja nada sin
hacer.
Y de
nuevo:
Cada vez se hace
menos,
Hasta que no quede más que la
no-acción.
No se hace nada; sin embargo, nada
queda sin hacer.
En palabras de
Buda:
El sufrimiento existe, pero no hay
nadie que sufra.
El acto existe, pero no por ello hay
un autor.
Todos conocemos la sensación de fluir
con la vida. En esos momentos, nos perdemos en nuestra actividad. Los escritores
suelen tener esa experiencia en la que las palabras simplemente van llenando la
página y en la que ellos no tienen ni idea de la cuál va a ser la próxima línea
hasta que la escriben.
La mayoría de los deportistas también
tienen momentos en los que de repente todo encaja y son capaces de rendir por
encima de sus capacidades normales. Existen momentos durante el acto sexual en
el que los amantes se disuelven y alcanzan una unión que trasciende la
individualidad separada. ¿Y qué decir de esos accidentes de carretera que han
sido evitados por un pelo y en los que uno después se pregunta quién fue
realmente el que maniobró el coche? Estoy seguro de que si lo piensas,
encontrarás varias experiencias en las que te olvidaste de ti mismo y en las que
todo parecía encajar mágicamente. Este “olvido” no tiene nada que ver con
olvidar el cumpleaños de tu amigo o el lugar en donde dejaste las gafas tampoco
tiene que ver con la desatención producida por demasiado alcohol o demasiados
tranquilizantes. Es un olvido alerta y activo. Este perderse en el flujo de la
vida es un anticipo de lo que se quiere decir con “la acción de la
no-acción”.
“Todas las acciones son realizadas por
las Gunas (o el poder y la energía) de la naturaleza, pero, por un error del
ego, la gente cree que los autores son
ellos.”
Tomado del
libro:
Despertar a la
Verdad
Leo
Hartong.