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¿Qué Camino Elegir?

Por Roberto Moreno - 15 de Marzo, 2007, 7:35, Categoría: Budismo

El siguiente texto es un extracto del libro de OSHO "Dang, Dang, Doko, Dang" donde nos habla del camino a seguir, para los buscadores de  la verdad y como elegirlo. Mente o corazón. Zen u Oración.
Es un poco extenso, pero muy recomendable para los que estéis interesados en estos temas.



La verdad es una, pero podemos acercarnos a ella de muchas maneras. La verdad es una, pero podemos expresarla de muchas maneras.
Dos maneras son muy esenciales; todas las maneras pueden ser divididas en dos categorías. Será bueno entender esta polaridad básica.
O nos acercamos a ella desde la mente, o nos acercamos a ella desde el corazón. Por eso hay dos tipos de religiones en el mundo, ambas verdaderas, ambas significativas, pero opuestas entre sí, la religión de la mente y la religión del corazón.


La religión de la mente cree que si eliminas los pensamientos, si te libras de la mente,  llegas a la verdad. La mente es el  obstáculo, la no-mente será la puerta. Budismo, Jainismo, Taoísmo, estas son las religiones de la mente. Son religiones del análisis profundo, religiones de la conciencia profunda, religiones de la iluminación.
Y luego tenemos las religiones del corazón: Judaísmo, Cristianismo, Islam, Hinduísmo. Creen que el camino discurre a través del corazón, que el corazón tiene que fundirse en el amado, en lo Divino.



Las primeras religiones son las religiones de la meditación. La palabra "meditación" no es exactamente apropiada, pero no hay otra palabra para traducir DHYANA en inglés, pues como esta lengua nunca ha conocido una religión de meditación, la palabra no existe. Todas las lenguas occidentales, de hecho, sólo han conocido la religión del corazón, por lo que tienen la palabra perfecta para este método, oración. Pero para DHYANA no tienen ninguna palabra, así que la única palabra que puede ser usada es meditación. De hecho, DHYANA tiene un significado exactamente opuesto; DHYANA significa lo contrario. La palabra "meditación" viene de la raíz griega "medonai", que significa pensar. La palabra "meditación" significa pensar y DHYANA, que nosotros traducimos como "meditación", significa cómo no pensar, cómo estar en un estado de no-pensamiento, cómo llegar al punto en que uno está ahí, pero no hay pensamiento, un estado de no-mente, de conciencia pura. Pero meditación es la única palabra, así que la utilizaremos.

El zen es la cumbre de la búsqueda budista. El zen es la floración suprema del camino de la meditación. La palabra "zen" viene de DHYANA. DHYANA se convirtió en "chen" en China, y luego "chen" se transformó en "zen" en Japón. Recuerda ésto: el zen nació en la India, con Gautama Buda. Cuando Gautama Buda alcanzó su iluminación definitiva, el estado de no-mente, llegó al mundo el conocimiento del camino analítico, el camino del pensamiento correcto, el camino de la correcta memoria y el camino de cómo disolver todo pensamiento, volviéndose más y más consciente de los pensamientos. Basta con observar los  pensamientos para que poco a poco vayan desapareciendo, te conviertes en un mero observador, no te identificas con tu mentación, te mantienes aparte y sigues observando, como si estuvieras en pie junto a una carretera mirando el tráfico. La mente es como el tráfico, muy circular, se va moviendo en un círculo, muy repetitiva, casi maquinal. Vas haciendo lo mismo una vez, y otra, y otra. Toda tu vida no es sino una repetición prolongada, muy circular. La mente es un mandala, un círculo, y se mueve. Si observas, vas tomando conciencia del círculo, del círculo vicioso de la mente. Una y otra vez trae las mismas emociones: la misma cólera, el mismo odio, la misma codicia, el mismo ego... Y tú sigues. No eres  sino una víctima.

Una vez  has concienciado la mente y empiezas a observarla, el puente se ha roto, dejas de estar identificado con la mente. Cuando no estás identificado con la mente, la mente desaparece, porque necesita de tu cooperación para existir.
Durante los próximos diez días hablaremos del zen. Pero para entenderlo correctamente, también tenéis que entender su  opuesto, lo opuesto se convierte en un contraste, un telón de fondo.
El camino de la oración no analiza; no intenta mantenerse consciente, o alerta. Al contrario, el camino de la oración se disuelve completamente en la oración.  No debes ser un testigo, no debes ser un observador, debes estar borracho como un alcohólico y perdido, completamente perdido.

En el camino de la oración, el amor es el objetivo. Debes amar, debes estar tan lleno de amor que tu ego se disuelve en tu amor, se funde en tu amor. En el camino de la oración, Dios es una hipótesis necesaria. Lo llamo una hipótesis porque es una necesidad en el camino de la oración, pero no es una necesidad en el camino de la meditación.
En el camino de la meditación no es necesario ningún Dios: de aquí la influencia y el atractivo del zen en occidente. Dios se ha convertido en algo casi incomprensible. La mera palabra "Dios" parece sucia. En el momento en que dices "Dios" te pones a la gente en contra. De ahí el atractivo del zen en occidente. El cristianismo se está muriendo porque esta hipótesis se ha utilizado demasiado, se ha explotado demasiado. Otra cosa, justo lo opuesto, es necesario. En el camino de la oración tienes que emborracharte, en el camino de la meditación tienes que mantenerte alerta. De ambas maneras el ego desaparece. Si estás totalmente alerta no hay ego, porque en estado de total alerta te vuelves tan transparente que no creas sombra alguna. Si estas completamente borracho, profundamente enamorado de Dios, también desapareces, porque en el AMOR no puedes existir. El resultado es el mismo: el ego desaparece. Y cuando no hay ego, empiezas a saber lo que es la verdad.

Nadie ha sido nunca capaz de decir lo que es; nadie será nunca capaz de decir lo que es. La experiencia es tan definitiva, tan vasta, que es indefinible. Es tan ilimitada que no puede ser puesta en palabras, las palabras son muy mezquinas y la experiencia es tremendamente vasta. Pero por ambos caminos se llega al mismo final. La verdad es una. Los Vedas dicen: "La verdad es una, pero ha sido vista de diferentes maneras por los videntes".
Así que recuerda esto. Todas las religiones conducen básicamente, intrínsecamente, al mismo fin. Incluso cuando parecen contradecirse, incluso cuando parecen diametralmente distintas, llevan al mismo final.
Por lo que depende de ti qué camino prefieres escoger. Si sientes a Dios, no creencia, la creencia sola no basta, la creencia es algo muerto, si sientes a Dios, si al oír la palabra "Dios" notas un latido sutil, notas un temblor, te sientes inspirado, tu corazón comienza a latir más aprisa, si la simple palabra "Dios" te produce una gran impresión, en este caso puedes seguir el camino de la oración. En este caso, el zen no es para ti, en este caso simplemente tienes que  olvidar el zen, porque el zen sería un obstáculo.
Pero si la palabra "Dios" no tiene sentido para ti, si para ti de hecho ya ha muerto, si Dios está realmente muerto, no te provoca ningún sentimiento, ninguna emoción, no vibra en ti, no late en ti, no transporta tu ser hacia lo desconocido, en este caso el zen es para ti. Cada vez más gente tendrá que seguir el camino del zen, porque el cristianismo, el hinduísmo, el islam y el judaísmo, todos ellos, de alguna manera, han sido demasiado explotados. Han perdido su atractivo.

El budismo está aún intacto, es aún fértil y para la mente moderna particularmente tiene un profundo atractivo, porque la mente moderna está hecha de una actitud científica y el zen es absolutamente científico, super-científico. Llega a las mismísimas raíces de tu mente y no te pide que creas en nada. No tiene ninguna hipótesis. No te pide que creas en nada, no tiene ninguna superstición.
La palabra "superstición" es muy bella. Viene del latín "superstes", que significa: lo que sobrevive, reliquias del pasado, cosas que se han vuelto fútiles pero persisten por ser habituales. Vas a la iglesia, pero vas sin emoción alguna y a lo mejor todas las noches rezas antes de meterte en cama, pero es sólo un gesto impotente, porque no hay corazón en él. Te limitas a repetir con los labios; son palabras huecas. Quizás es una antigua costumbre, un viejo reflejo condicionado: te enseñaron a rezar en la primera infancia y  sigues haciéndolo. La mente va repitiendo lo que es familiar.

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